miércoles 27 de mayo de 2009

Elogio equino.( Fotografía:Sueño errante)

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Somni errant
(Fotografía: Martín Gallego, procesada por Albert Giralt."Creativo")
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Elogio equino
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Desflecada la risa
fija la mirada
vuelve la cara al trote,
atrás la noche centellea
extrañas luciérnagas.

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Se impone potente
clavando blancor
palanca de estrellas.

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¡Si fuera presencia
abrupta realidad
que llama con nudillos
de agua y no
un instante consumido ya!.

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Veloz, disfrazada
de energía, la belleza
cabalga tiempo.

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Titila la niebla
el relincho
extiende su eco
más allá de la forma
en el balcón azul
sobre la alfombra gris
de pastos infinitos,
la bestia mansa galopa.
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Ana María Espinosa

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8 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Hermoso poema lleno de un sin fin de sensaciones que desde el principio nos enlaza a la belleza del cabalgando en ello..

un gusto leerte siempre

saludos fraternos
un abrazo

Martin Gallego dijo...

Ana Maria, unos versos preciosos que se ajustan perfectamente a la imagen, y me alegra ucho que te haya inspirado. Felicitaciones en mi nombre y en el de Albert, es un honor para nosotros.
Un abrazo!

Hiletrados Creativos dijo...

Me gusto el poema en conjunto, aun así, ya que en todos los poemas que leo me guardo alguna estrofa particular -por diferentes razones-, guardaré la primera de este porque encierra una nota perfecta -poéticamente hablando-, quiero decir que se trata de una frase lograda, palabra y símbolo a la vez, y más que palabra y más que símbolo: poesía:


atrás la noche centellea
extrañas luciérnagas.

Bonito texto, saludos

Raúl Ferreiro dijo...

Hola Ana.

Ese caballo es la vida o...
"la bestia mansa que galopa".

La belleza puede ser algo parecido.

Hasta pronto

Julieta Pinasco dijo...

Oliverio Girondo es un poeta argentino, amigo de Borges.
Aparición urbana

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.

Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.

Viktor Gómez dijo...

Querida Ana:

Al galope las sílabas, la palabra, el verso brioso e indómito.

Unas imágenes, una plasticidad que apuran la corporeidad, el don de lo visual, la belleza del físico animal y su armonía de movimientos, su elegancia y su nobleza.

Y unas metáforas de lo más conceptuales y abstractas, casi cerrando el poema. Inquietante roce del abisal no-lugar para el poeta y la vida, para un salto, para una revelación.

Un cierto neobarroquismo apura colores, la noche y las luciernagas en claroscuro, el blancor, lo azul, lo gris...

hay mesura, hay misterio en la inmanencia del aquí, en la niebla y en una altura que observa la escena desde su puridad celeste (balcón azul)... hay magia, porque la vida es sueño y realidad, deso y realidad, realidad y música... como esa que marca el trote del alazán de vuelva a su pasión liberada por las palabras.

Atrás queda la noche y unas lucecitas extrañas (pensamientos)
atrás quedan aunque la virtuosidad de tu poema nos lo antecede,
da el inicio de su cabalgar desde una risa inefable y el enigma de la carrera.

Buena tarde, compa,

Tu Víktor

Julio Obeso González dijo...

No es zumo de bestia lo que rezuman sus belfos. Al galopar vive dos veces, cumple promesas. Sus crines anticipan historias que la curiosidad calla.
¿Fue en sus ojos?
¿Quién se acostumbra al muerdo de las pezuñas cuando la belleza es el miedo?
Pues aquí entras tú, mujer adivinanza, color y tristeza con duende, y dices: “Extrañas luciérnagas”; con tus labios de pedir consuelo, nostálgica lengua acostumbrada a elevarse sobre arrecifes.
¿Qué regalo supera la carne de las palabras?
Te leo y pienso: -Se reconocen- Un entendimiento entre melenas, dos animales amándose. Entras tú, ladera mimosa del cuello, y recitas: “extiende su eco más allá de la forma”. Te leo, escucho temblar el cuero, el sonido que en la tabla del gitano se hace silencio.
¿Ya termina?
Quiero saber si fue bendecido por la fiesta, montado por un ángel domador, un hombro de arado.
Quiero saber su nombre, no como le llaman.
Una mujer provoca al viento y éste le regala una réplica exacta del valor: Un caballo celeste que sólo atiende a su mirada.

Mil besos.
Julio

Ana María Espinosa dijo...

Adolfo:
Gracias. Siempre tu primer comentario, animando el alma.

Martín:
Créeme que el honor es mío.Gracias a vosotros por tanto arte y sensibilidad.

Hiletrado:
Gracias amigo. Tus palabras me ayudan a saber ver esas luces o aciertos que inconscientemente, a veces, tenemos la suerte de vislumbrar en otros ojos.

Raul:
Sí, puede ser eso, la inagotable cadena de la vida, la belleza que siempre se cobija en otros rostros, especies ...

Julieta:
Estendo poeta y poema. Sí, los caballos son seres fantásticos lo más parecido a los ángeles en su galope y libertad.

Víktor:
Gracias compi. Siempre me asombra tu dedicación, tu análisis de los poemas, tus aciertos. Ese llegar a lo profundo que late detrás de las palabras, ese atinar en el corazón de la palabra.

Julio:
Siempre me parece que tus comentarios son alas que le salen a mis poemas y eso, me llena de felicidad.