lunes 8 de septiembre de 2008

La vieja máquina de escribir

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Era de mi abuelo
el de las gallinas y las inyecciones.
En ella anotaba sus cosas.
Yo también, en ella, anoté mis primeras "poesías".
Imprimía en rojo y negro y te llenabas los dedos de tinta.
Se la quedó un primo mío
cuando murió mi abuelo.
Toda una historia que no he contado antes
para llegar aquí.
Debe ser el otoño que se acerca.

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Ana María Espinosa




2 comentarios:

Viktor Gómez dijo...

Es así de increible pero real el tiempo ido, la vida vivida, el sueño que teje sentir e inmaterialidad para que un verso sea, en el aire, la historia imborrable, el no recuerdo que perdura.

Buen día,

Tu Viktor

Ana Espinosa dijo...

Víktor:

A más distancia, más vértigo produce el efecto tiempo que a su vez, nos da ventaja en la amplitud óptica de lo vivido.